Nostalgia de recreativa sin humo pasivo. Desgranamos esta exigente propuesta de scroll incesante que rinde homenaje a clásicos de Capcom como SonSon.
El panorama del desarrollo independiente cuenta con estudios que han convertido la excentricidad y el riesgo en su principal seña de identidad. La desarrolladora doinksoft, responsable de obras tan singulares como el metroidvania monocromático Gato Roboto o la acción balística de Gunbrella, regresa a la carga bajo el amparo de Devolver Digital con su proyecto más marcadamente retro hasta la fecha. Dark Scrolls es un plataformas de acción que se desentiende por completo de las tendencias contemporáneas para reabrir el cajón de los recuerdos y soplar el polvo de cuatro décadas de historia, catapultándonos de lleno a la época dorada de los salones de recreativos de los años ochenta.
A pesar de lo que su nomenclatura pueda sugerir de forma jocosa, la obra no busca inspiración en las intrincadas fórmulas de FromSoftware, sino en el ADN de los grandes mitos de Capcom de mediados de los ochenta. La referencia más directa y evidente se encuentra en el clásico SonSon (1984), importando ese característico avance forzoso de la pantalla que dicta el ritmo de la partida sin conceder el más mínimo respiro al usuario. Todo ello sirviendo de preámbulo para un bucle jugable donde el posicionamiento y los reflejos lo son absolutamente todo.
El peligro del scroll incesante y el misterio de las cinco estrellas
La premisa mecánica de Dark Scrolls es tan elemental en apariencia como despiadada en la práctica: la pantalla se desplaza de forma horizontal de manera ininterrumpida y la regla de oro consiste en no quedar rezagado. Si el personaje queda encastrado contra la geografía del escenario y es engullido por el margen izquierdo del monitor, la partida concluye de forma fulminante con un game over directo. Los impactos con las hordas de enemigos —que emergen constantemente desde todos los ángulos e incluso brotan del suelo de forma ceremoniosa al igual que los zombis de Sir Arthur— restan puntos de salud que obligan a recolocarse de inmediato y a rebotar proyectiles contra las superficies en un caos balístico constante.
El verdadero núcleo estratégico de la jugabilidad, y a su vez su elemento más innovador, reside en el sistema de la barra Rage, compuesto por cinco estrellas que se rellenan al eliminar adversarios. El juego permite asociar diferentes potenciadores adquiridos en las tiendas a cada uno de los niveles de la barra. Al alcanzar cada hito, las ventajas (como efectos elementales, mayor cadencia de tiro o hadas curativas) se activan de forma automática, permitiendo trazar una escalada de destrucción planificada. El culmen del indicador desata la habilidad especial definitiva de cada héroe, variando desde lluvias de hachas destructoras hasta barreras magnéticas capaces de absorber ráfagas de balas.
Un roster de héroes excéntrico frente a la tiranía procedural
El despliegue de personalidad de doinksoft brilla con especial intensidad en el diseño de su plantel de personajes seleccionables. Aunque las primeras tentativas se realizan con un leñador temperamental, un ninja y un mago pintor, el corte roguelite del juego permite desbloquear un elenco disparatado que incluye a un perro cuyos ladridos emiten ondas sónicas, un ratón que emplea melodías de saxofón como patrones de ataque o un ángel armado con arco. El gran acierto del estudio radica en reinterpretar el doble salto para cada uno de ellos; algunos ejecutan un dash aéreo, otros caen en picado provocando ondas de choque y otros ruedan a gran velocidad, alterando por completo las dinámicas de movilidad.
Lamentablemente, este despliegue de genialidad en los protagonistas contrasta con una notable falta de inspiración en el bestiario. Los oponentes secundarios se limitan a los tópicos más manidos del género (zombis, murciélagos y peces voladores), detonando una fuerte sensación de déjà vu. Asimismo, el ensamblaje procedural de sus niveles diseñados a mano provoca que las secciones intermedias de los diferentes biomas —que oscilan entre frondosos bosques y parajes helados custodiados por jefes gigantescos— terminen pareciéndose en exceso tras varias horas de juego, resintiéndose levemente en su variedad visual a largo plazo.

Progresión permanente para desafiar a la noche
La muerte en Dark Scrolls penaliza la pérdida del inventario de la incursión, pero premia la distancia recorrida con diamantes que se invierten en el asentamiento principal para adquirir mejoras definitivas y nuevos héroes. El juego prescinde por completo de opciones de accesibilidad o personalización técnica más allá de la resolución, mostrándose parco en explicaciones y omitiendo tutoriales explícitos sobre el crucial funcionamiento de su barra de estrellas, lo que puede frustrar a los jugadores más impacientes durante los compases iniciales.
No obstante, una vez asimiladas sus reglas de juego y la importancia de la experimentación con las rutas alternativas, el título despliega una capacidad de adicción innegable, potenciada de forma magistral por una modalidad cooperativa local y online ideal para disfrutar codo con codo. Dark Scrolls no alcanzará la redondez inmediata de Gato Roboto, pero sus excentricidades melancólicas y su endiablado ritmo rítmico garantizan noches en vela memorables para los amantes del arcade más puro.
Análisis de virtudes y flaquezas de Dark Scrolls
- Puntos fuertes:
- La genial reinterpretación de la movilidad y el doble salto para cada héroe del roster.
- El innovador sistema de activación automática de ventajas mediante la barra Rage.
- Un cooperativo divertidísimo que emula el espíritu de compartir recreativa.
- Estética pixel art de gran tamaño muy fluida y ligera para cualquier PC.
- Puntos débiles:
- Falta de explicaciones y tutoriales sobre las mecánicas avanzadas de las estrellas.
- Diseño de enemigos genérico y reiterativo que aporta poca frescura.
- Cierta monotonía en la estructura de los niveles generados por algoritmos.
- Ausencia total de opciones de configuración de controles o niveles de dificultad.








