Combates aéreos, zeppelines y espíritu pulp. Recordamos el divertidísimo arcade de FASA Studio que dignificó el catálogo clásico de Microsoft.
El sol de la tarde se refleja en el fuselaje pulido de mi caza Devastator mientras giro bruscamente a través de un cañón estrecho, con el rugido de los motores resonando en las paredes de piedra. Detrás, tres aviones enemigos me persiguen implacablemente escupiendo plomo. Corto el acelerador de golpe, perdiendo altitud para que pasen de largo, y tiro de la palanca para hacer un bucle sobre ellos. Por un breve momento, quedan perfectamente encuadrados en mi mira: aprieto el gatillo y contemplo con satisfacción cómo los cohetes impactan en el blanco, enviando al líder en una espiral de fuego contra el suelo. La radio chisporrotea con los vítores triunfales de mi banda de piratas aéreos mientras nos reincorporamos a la formación bajo el atardecer.
Esta secuencia de auténtica heroicidad cinematográfica encapsula a la perfección lo que hace de Crimson Skies: High Road to Revenge una experiencia tan gozosa. Lanzado originalmente en 2003 por el desaparecido equipo de FASA Studio, este exclusivo de la primera Xbox supuso una de las sorpresas más refrescantes de su generación. Hoy, gracias a la bendita retrocompatibilidad de Microsoft, los usuarios de Xbox Series X|S y Xbox One podemos revivir esta joya en un estado de forma técnico impecable y directamente incluido en el catálogo de Xbox Game Pass.
Un universo alternativo con aroma a Indiana Jones
El título nos sumerge en una atractiva ucronía ambientada en unos años 30 alternativos donde los Estados Unidos se han fracturado en una serie de naciones independientes en pie de guerra. Con las redes de ferrocarril y las carreteras totalmente destruidas por el conflicto, el comercio y el transporte de pasajeros dependen exclusivamente de colosales zeppelines colonizadores, lo que ha propiciado una edad de oro de la piratería aérea. En este escenario sin ley, nos ponemos en la piel del carismático Nathan Zachary, un intrépido y chulesco piloto que lidera a los Fortune Hunters, una banda de mercenarios del aire con un estricto código de honor.
Estructuralmente, la campaña principal nos transporta a través de varios mundos semiabiertos bellamente renderizados. Con un planteamiento que recuerda inevitablemente a la libertad de un Grand Theft Auto tridimensional en el aire, pilotamos nuestro avión libremente interactuando con diversos personajes mediante el botón X para aceptar misiones principales, encargos de escolta o desafiantes carreras de apuestas. El dinero y los tótems ocultos que recolectamos explorando los recovecos más estrechos de los escenarios sirven para visitar los talleres de reparación y adquirir o mejorar una espectacular flota de diez aviones de diseño retro futurista, cada uno dotado de un blindaje, velocidad y armamento únicos (que van desde ráfagas de ametralladora clásicas hasta escopetas aéreas y cañones de rayos).
El título destaca por unas escenas de vídeo elegantemente producidas que hacen gala de un doblaje soberbio y una banda sonora orquestal a cargo de Stan LePard. Las partituras heredan directamente la pomposidad de la escuela de John Williams para Star Wars o Indiana Jones, dibujando una sonrisa permanente en la cara del jugador.
Acción directa sin manuales de instrucciones
El mayor triunfo de FASA Studio fue esquivar la simulación densa para abrazar una jugabilidad arcade directa y pulida. Olvidaos de los manuales de aviación del tamaño de un listín telefónico: aquí los controles son intuitivos desde el primer minuto. Mientras que el stick izquierdo maneja la dirección básica del aparato, el stick derecho nos permite realizar maniobras de evasión inmediatas, giros cerrados e Immelmanns con una agilidad pasmosa. Además, el juego introduce una divertida mecánica de interacción con el entorno: si tu avión está muy dañado, puedes aterrizar al vuelo en torretas antiaéreas fijas repartidas por el mapa para defender la zona en primera persona mientras la IA te da un respiro.
Evidentemente, los años no pasan en balde. Aunque el control envejecerá maravillosamente bien, la campaña puede completarse en algo menos de 10 horas y los modos multijugador en línea (que en su día fueron el alma de Xbox Live junto a MechAssault) hoy quedan relegados a meras anécdotas locales o con bots. Sin embargo, su ritmo frenético y la ausencia de penalizaciones frustrantes lo convierten en una delicia atemporal.
A los señores mayores que escribimos en esta santa casa nos derrite la nostalgia al comprobar que títulos con esta fuerza conceptual siguen estando a un solo clic de distancia en las consolas modernas. Crimson Skies: High Road to Revenge es diversión pura, directa y sin complejos, una muestra de cuando los videojuegos se preocupaban únicamente por hacernos sentir los reyes del cielo. Corred a descargarlo en Game Pass, encended los motores y que los bandits se preparen.
El Veredicto
A FAVOR:
- Controles arcade accesibles, fluidos y sumamente satisfactorios.
- Una ambientación pulp de los años 30 soberbia y rebosante de carisma.
- Diseño artístico de los aviones único y variado.
- Escenarios amplios que premian las maniobras arriesgadas.
EN CONTRA:
- La campaña principal es algo corta (menos de 10 horas).
- Ciertas misiones de escolta pueden resultar repetitivas.
- Picos de dificultad puntuales que pueden frustrar.
¿PARA QUIÉN ES?: Para los suscriptores de Game Pass que busquen un soplo de aire fresco tradicional y acción directa sin las complicaciones de los simuladores modernos. Ideal tanto para nostálgicos de la Xbox original como para nuevos jugadores que amen las historias de aventuras clásicas.







