Mike Klubnika y Critical Reflex trasladan su asfixiante ruleta rusa analógica a consolas Xbox. Un pozo de adicción psicológica, matemáticas y horror lo-fi.
Una música industrial machacona retumba al otro lado de la puerta de un baño inmundo. Al salir, un pasillo lúgubre nos conduce a una mesa de juego clandestina donde una perturbadora criatura, conocida sencillamente como «El Repartidor» (The Dealer), nos invita cordialmente a firmar una exención de responsabilidad. Así de directo, incómodo y magnético arranca Buckshot Roulette, el fenómeno viral de Mike Klubnika y Critical Reflex que, tras arrasar en PC, desembarca finalmente en consolas Xbox Series X|S y lo hace, para alegría de los suscriptores, directo en el catálogo de Xbox Game Pass.
Una ruleta rusa con cartuchos del calibre 12
La premisa es deliciosamente retorcida: coger las bases de la clásica ruleta rusa pero sustituyendo el revólver tradicional por una contundente escopeta de bombeo. El Concesionario muestra una serie de cartuchos sobre la mesa antes de introducirlos en un orden completamente aleatorio; los rojos están cargados y listos para mutilar, los verdes son de fogueo.
A partir de ahí, el turno es tuyo: puedes apuntar con el cañón a la cara de tu rival o a tu propio rostro. Si disparas contra ti mismo y sale una salva, conservas el turno, abriendo un abanico de probabilidades puras donde la tensión se corta con cuchillo. Durante las dos primeras rondas, el juego perdona los errores gracias a la presencia de unos desfibriladores de emergencia que te devuelven a la vida tras recibir un escopetazo, pero al llegar a la tercera ronda, los cables se cortan y el duelo se convierte en un auténtico «vive o muere».
De la suerte azarosa a la táctica del mentiroso: El uso de objetos
Aunque los primeros compases pueden parecer un simple lanzamiento de dados de tintes gore, Buckshot Rouletteevoluciona rápidamente hacia un complejo duelo de estrategia psicológica y matemáticas que recuerda inevitablemente a las dinámicas del póquer o a la opresión del sobresaliente Inscryption.
A partir de la segunda fase, el juego introduce un sistema de cajas con objetos aleatorios que caen sobre la mesa en cada recarga. Estos cachivaches cotidianos cambian por completo las reglas de la probabilidad y la microgestión:
- La lupa: Te permite espiar el cartucho que está actualmente alojado en la recámara.
- El paquete de tabaco: Te fumas un cigarrillo para recuperar un punto de vida (o carga del desfibrilador).
- La lata de cerveza: Te la bebes para accionar la corredera de la escopeta y expulsar el cartucho actual sin dispararlo.
- El cuchillo de sierra: Corta el cañón de la escopeta, duplicando el daño del siguiente disparo (siempre que no sea una salva).
- Las esposas: Bloquean el siguiente turno del oponente.
Calcular los porcentajes de balas restantes, encadenar el uso de las esposas con un cañón recortado o arriesgarte a beber una cerveza para limpiar un cartucho dudoso transforma el juego en una batalla cerebral brillante. No hay trucos de magia ni mecánicas artificiales de videojuego moderno; solo pura estadística, gestión de recursos y tu capacidad para mantener la sangre fría ante un cañón cargado.
El pozo sin fondo del modo «Doble o Nada»
Las partidas estándar de Buckshot Roulette duran aproximadamente 20 minutos, postulándose como el título intersticial perfecto para disfrutar entre lanzamientos más densos. Sin embargo, el verdadero gancho a largo plazo llega tras vencer al Concesionario por primera vez, momento en el que se desbloquea el modo Doble o Nada.
Esta vertiente infinita funciona como una apuesta de casino real: cada vez que limpias la mesa, puedes retirarte con tu dinero o volver a jugártelo todo en una nueva tanda de rondas aún más difíciles. Para condimentar esta modalidad, la versión de consolas incluye los objetos expandidos de la edición de Steam, como el teléfono de prepago (que te sopla el estado de un cartucho futuro en el cargador), la inyección de adrenalina (para robarle un objeto al Concesionario y usarlo en el acto) o el inversor de polaridad, capaz de transformar una bala de fogueo en fuego real.
Conclusión: Una joya imprescindible en Game Pass
Con su inconfundible estética retro-horrorcore de baja fidelidad, sus texturas sucias de la era de los 32 bits y una atmósfera de pesadilla analógica, Buckshot Roulette es una de las experiencias más adictivas, tensas y redondas que vas a encontrar este año en consolas de nueva generación. Es rudo, desagradable, directo y tremendamente inteligente. Si tienes una suscripción activa a Xbox Game Pass, asomarte a esta mesa clandestina no es una opción; es una obligación.
Lo mejor:
- La atmósfera de terror analógico y lo-fi es sublime.
- El diseño de los objetos eleva el azar a un brillante juego de estrategia y probabilidad.
- Partidas rápidas, adictivas e ideales para el modo portátil o sesiones cortas.
- La inclusión del modo Doble o Nada con todo el arsenal de PC.
Lo peor:
- A pesar de los destellos de lore (como el contrato con la palabra «DIOS»), te deja con ganas de una mayor exploración de su siniestro mundo.
- Si la pura estadística y la repetición arcade no son lo tuyo, la fórmula puede agotarse tras unas horas.







