Desarrollado por los chilenos ACE Team, The Mound: Omen of Cthulhu nos traslada a una selva del siglo XVII plagada de horrores lovecraftianos, paranoia y una dificultad implacable.
magina la escena: avanzas con el agua al cuello en mitad de una frondosa y oscura selva, divisando a lo lejos la silueta de tu compañero de expedición. Te acercas a él aliviado para compartir las pocas raciones que os quedan, pero al tocarle el hombro, la figura se gira revelando un rostro grotesco y te asesta un golpe mortal. Mientras tu pantalla se tiñe de rojo, escuchas por el chat de voz de proximidad a tu verdadero amigo a cientos de metros de distancia, preguntándose hacia dónde demonios te has desviado. En este infierno, tu peor enemigo puede vestir la piel de tus propios aliados.
Esa perturbadora genialidad define a la perfección la esencia de The Mound: Omen of Cthulhu, la nueva y atrevida propuesta de los chilenos ACE Team (Zeno Clash, Clash: Artifacts of Chaos). Publicado por Nacon, este título cooperativo de terror en primera persona nos invita a perder la cabeza en una de las ambientaciones más originales y asfixiantes de este 2026.
Tras sobrevivir a más de 20 horas de expediciones (e incontables muertes) en Xbox Series X y en formato portátil en la pantalla OLED de la Steam Deck, os contamos por qué esta incursión en el horror cósmico nos ha fascinado tanto como nos ha hecho sufrir.
Conquistadores, mitología mapuche y dioses alienígenas
La premisa de The Mound rompe por completo con los escenarios habituales del género. Nos trasladamos a mediados del siglo XVII, en plena época colonial. Encarnamos a un grupo de conquistadores españoles que, ignorando cualquier advertencia racional y movidos por la codicia, se adentran en la densa e inexplorada selva de Chile para saquear templos antiguos dedicados a deidades primigenias.
A nivel narrativo, el juego hila muy bien la mitología de Cthulhu con el folklore de la región. El estudio ha sabido esquivar con elegancia los tropos coloniales más simplistas, distanciando a la población indígena mapuche de los perturbados cultistas que adoran a los Primigenios en las profundidades de la jungla.
Nuestra base de operaciones será un barco galeón desde el que gestionamos contratos, compramos equipo y desbloqueamos nuevos personajes. Aunque la historia principal se dosifica a través de diarios muy bien escritos y con un doblaje de gran nivel, la narrativa pasa pronto a un segundo plano para dejar paso a la pura experiencia de supervivencia emergente.
Un cooperativo brillante que exige romper la comunicación
Sobre el papel, The Mound se estructura como un juego de extracción para hasta cuatro jugadores. Debemos adentrarnos en uno de los 18 mapas interconectados, cumplir un contrato (normalmente recolectar reliquias de valor), depositar el botín en un carro de bueyes y escoltarlo de vuelta para cobrar la recompensa.
Sin embargo, el juego brilla con luz propia gracias a las mecánicas de locura y paranoia, que afectan directamente a la jugabilidad:
- La pérdida de la cordura: El horror cósmico no se limita a filtros distorsionados en la pantalla. Puedes encontrar un fusil de mecha que para tus compañeros es solo una rama inútil; puedes ver monstruos donde solo hay aliados y acabar atacándolos por accidente; o puedes enfrentarte a enemigos invisibles para el resto de tu equipo.
- El chat de voz de proximidad (Obligatorio): Jugar a este juego usando Discord es arruinar la experiencia. El chat de voz integrado hace que las voces se apaguen con la distancia o la maleza. Si un compañero es abducido por un «alien» o muere en el fango, su voz se corta instantáneamente, dejándote sumido en el más absoluto y terrorífico silencio.
- Muerte y resurrección: Si un compañero cae y tardas demasiado en llevar su cadáver al carro para revivirlo, este se levantará convertido en un infectado más al que tendrás que abatir.
Los recursos son extremadamente escasos. El juego te obliga a repartir el peso del equipo antes de salir: si uno lleva el mosquete, otro tendrá que llevar la linterna, y un tercero deberá ir con las manos vacías para poder cargar los pesados tesoros.
La jungla no perdona: una dificultad despiadada
No nos vamos a andar con rodeos: The Mound: Omen of Cthulhu es un juego endiabladamente difícil, incluso para grupos curtidos en títulos como Lethal Company o Phasmophobia. El sigilo y el avance lento son vitales para no alertar a criaturas imbatibles, pero a menudo la escala de los enemigos se dispara de forma injusta, atrapándote en combates imposibles contra oleadas de no-muertos.
El mayor problema actual del juego radica en la progresión de su dificultad. Los contratos disponibles en el tablón escalan según el nivel del jugador que aloja la partida. Esto provoca que, si llevas unas 20 horas jugadas y quieres invitar a un amigo novato, os encontraréis con que ya no quedan misiones básicas o medias con las que enseñarle a jugar, obligándolo a entrar directamente en un auténtico infierno sin equipo adecuado.
Especialmente frustrantes son las misiones de portales, que eliminan el carro de transporte y te obligan a esquivar un lodo púrpura que te mata en cuestión de segundos, impidiendo además que tus aliados puedan acercarse a rescatarte. Si a esto le sumas que al morir pierdes todo el equipo y las mejoras que tanto cuesta comprar, las derrotas consecutivas pueden dejarte en la bancarrota absoluta sin una forma amigable de remontar.

Rendimiento y atmósfera en Xbox Series X y Steam Deck
Visualmente, ACE Team ha hecho un trabajo fabuloso utilizando una paleta de colores apagados, niebla densa y vegetación ultra detallada para generar una inquietud constante. Los diseños de las criaturas —desde zombis desmembrados hasta gigantescos ciempiés y entidades indescriptibles que se vuelven árboles al atacarlas por la espalda— son fantásticos.
En Xbox Series X, el juego goza de una atmósfera impactante con efectos de iluminación y sombras muy logrados, aunque os recomendamos desactivar en el menú de opciones el exceso de desenfoque de movimiento y el temblor de cámara para mejorar la visibilidad.
En Steam Deck, la experiencia portátil es una delicia para jugar en cooperativo en el sofá, manteniendo una tasa de imágenes por segundo muy sólida que permite reaccionar a los imprevistos de la selva sin tirones molestos, aunque el texto de algunas interfaces de inventario (que de por sí es algo tosco para organizar objetos en una cuadrícula de seis espacios) se siente un pelín pequeño.
Conclusión
The Mound: Omen of Cthulhu es una de las experiencias cooperativas más originales, tensas y atmosféricas del año. Su brillante uso del sonido, la paranoia jugable y su peculiar ambientación histórica compensan un bucle de juego que a la larga puede resultar algo repetitivo y una curva de dificultad implacable que no siempre respeta el tiempo del jugador. Si tienes un grupo de amigos fiel y buscas un reto de terror que ponga a prueba vuestra cordura (y vuestra amistad), la selva chilena os espera por un precio de lanzamiento muy competitivo de 29,99 €.
Lo mejor:
- El sistema de paranoia y locura integrado directamente en la jugabilidad.
- El chat de voz por proximidad y la tensión acústica de la selva.
- Una ambientación colonial y lovecraftiana única y refrescante.
- Excelente rendimiento y atmósfera visual tanto en consola como en portátil.
Lo peor:
- La dificultad puede llegar a ser injusta y frustrante, con poca flexibilidad para jugadores nuevos.
- El bucle de misiones puede volverse monótono tras varias sesiones seguidas.
- El inventario es algo incómodo y tosco de gestionar en mitad de la acción.







