Los informes revelan que Game Pass apenas cuenta con 30 millones de suscriptores frente a los 77 esperados, provocando un agujero financiero insostenible para Microsoft.
El histórico recorte de 3.200 empleados y la desinversión de cuatro de sus estudios internos no ha sido un movimiento imprevisto, sino la consecuencia directa de una herida sangrante en el corazón de la estrategia de Microsoft. Según informes internos desvelados por el Wall Street Journal, la compañía proyectaba alcanzar los 77 millones de usuarios en Xbox Game Pass para este año; sin embargo, la realidad ha sido un jarro de agua fría: el servicio se encuentra actualmente estancado en apenas 30 millones de suscriptores. Un dato demoledor si recordamos que el objetivo de la firma de Redmond, según los documentos del juicio de la FTC en 2023, era conquistar los 100 millones de miembros para el año 2030.
En un correo electrónico remitido a la plantilla, la nueva CEO de Xbox, Asha Sharma, ha admitido sin tapujos que la estrategia de juego de Microsoft ha fallado, señalando directamente al rendimiento del servicio de suscripción. «Nuestro negocio hoy en día no es saludable», confesó la ejecutiva. «Operamos con márgenes de beneficio entre 3 y 10 veces inferiores a los de plataformas y editoras comparables. Apostamos por Game Pass, el modelo multiplataforma y una cartera de contenidos más amplia, pero estos negocios no crecieron al ritmo esperado mientras nuestro negocio principal se debilitaba».

Crónica de un colapso: del optimismo de Phil Spencer a la realidad de las cifras
La base conceptual de Game Pass bajo la era de Phil Spencer era intachable sobre el papel: ofrecer un valor descomunal mediante una biblioteca en constante expansión alimentada por grandes lanzamientos propios desde el primer día (Day One). Para sostener esta maquinaria, Microsoft invirtió sumas astronómicas en adquisiciones de contenidos y estudios, culminando con la astronómica compra de Activision Blizzard por 69.000 millones de dólares. El plan maestro consistía en utilizar el lanzamiento de las nuevas entregas de Call of Duty en el servicio como el cebo definitivo para disparar la masa de usuarios. Sin embargo, las altas de nuevos miembros no respondieron al estímulo y el mercado de consolas, en particular, tocó techo de forma abrupta.
Para terminar de complicar las cosas, las decisiones estratégicas de la anterior dirección terminaron por ahuyentar al público. Según ha revelado recientemente Matthew Ball, actual director de estrategia de Xbox, la agresiva subida del 50% en los precios ejecutada en octubre del año pasado provocó que Game Pass «perdiera millones de suscriptores en el lapso de unos pocos meses». Aunque el servicio reportó unos ingresos históricos cercanos a los 5.000 millones de dólares en julio de 2025, la sangría de usuarios en la primera mitad del año resultó crítica.
Una de las primeras medidas de choque de Asha Sharma tras tomar el relevo de Spencer fue deshacer este camino: rebajó el precio de la suscripción y retiró la saga Call of Duty de los lanzamientos Day One del servicio. En declaraciones a Bloomberg, Sharma defendió este viraje asegurando que Xbox «ha sido capaz de resetear Game Pass tras una caída de ocho meses, regresando al crecimiento y mejorando la retención de usuarios».
Un catálogo de futuro debilitado: ¿adiós al modelo del «Día Uno»?
La salida de Double Fine, Compulsion Games, Ninja Theory y Undead Labs de la disciplina de Microsoft dibuja un panorama de lo más incierto para el atractivo futuro del catálogo de Game Pass. Al regresar a la independencia o pasar a manos de terceras editoras, ninguno de estos estudios tiene la obligación contractual de estrenar sus próximos videojuegos en la plataforma de Microsoft. Esto significa que títulos tan esperados como State of Decay 3 o Senua podrían no debutar en Game Pass.
Ante esta situación, la gran pregunta que se hace la industria es cómo planea Microsoft rentabilizar el servicio con las cartas que le quedan sobre la mesa. Si el despliegue de Call of Duty no funcionó al nivel esperado, las dudas se ciernen sobre el resto de grandes propiedades de la casa. ¿Seguirá la compañía retirando grandes lanzamientos del Day One para buscar los ingresos directos de la venta tradicional? ¿Veremos a The Elder Scrolls 6 o la próxima entrega principal de Halo llegar de lanzamiento a la suscripción?
Muchos analistas apuntan a que el inevitable destino de Game Pass es virar hacia un modelo mucho más conservador y similar al de PlayStation Plus de Sony, donde los títulos propios de la plataforma quedan reservados para la venta directa en las tiendas durante sus primeros meses de vida, asumiendo por fin que el viejo sueño de sostener superproducciones millonarias únicamente a base de suscripciones mensuales baratas ha resultado insostenible.






