Crítica de Evil Dead Burn (En llamas)

Para 2028 ya está previsto que llegue Evil Dead Wrath, pero antes te traemos la crítica de Evil Dead Burn —o Posesión Infernal: En llamas, como se la conoce en España—, una película que nos recuerda por qué Evil Dead es Evil Dead. Más allá del homenaje puntual a Bruce Campbell, que es parte de nuestra familia, esta entrega es otro salto hacia el futuro de una saga incombustible. Que el título no te engañe: es un truco.

Ver la saga en el orden en que nació —desde el tosco Within the Woods hasta la furia moderna de Evil Dead Burn— es como seguir el rastro de una criatura que evoluciona frente a tus ojos. Empiezas con un experimento casero que apenas deja ver su potencial, avanzas hacia un clásico que redefinió el terror, atraviesas la comedia sangrienta más desquiciada, te sumerges en reboots feroces y terminas en una expansión del universo donde el Necronomicon nunca se queda sin historias. Hacer este recorrido un verano —cualquier verano— es lo mejor que puedes regalarte: historia del cine, creatividad desbordada y entretenimiento salvaje para noches largas, amigos y la sensación de ver cómo una leyenda se construye paso a paso.

Dicho esto, la experiencia en sala fue un espectáculo paralelo, teniendo en cuenta que era una sesión previa para “críticos”. Dos hablaban de El precio del poder y Atrapado por su pasado como si fueran lo mismo, seguido de un “¡anda, aquí dicen que se llama Carlito’s Way!” porque “en tal web las ponen bien”. Otros se reían a carcajadas donde no tocaba, como si quisieran justificar que estaban allí sin saber muy bien por qué. Y, por supuesto, los de siempre: gritos antes de empezar la proyección distribuida por Sony Pictures, latas abriéndose, ruidos de masticado… y luego silencio, salvo esas risas forzadas. Entre sustos y miradas nerviosas, más de uno parecía preguntarse si su estómago iba a aguantar. Las gominolas no suelen sentar bien antes de estas cosas, amigos.

La crítica de Evil Dead Burn

No vamos a destripar la película: es cuestión de acercarse al cine y verla. Del resto se encarga Sébastien Vaniček, un director al que hay que agradecerle —sea por buen gusto, mal gusto o ambos— que haya entendido exactamente lo que veníamos a buscar. Sus planos, que hoy con drones tienen menos mérito que en manos de Raimi, funcionan porque nos devuelven a esas cintas VHS en las que muchos vimos Evil Dead por primera vez en plena pubertad lacerante. Quizá entonces se llamaban Posesión Infernal o Terroríficamente muertos… da igual: lo importante es quién tiene el arma.

Quien busque a Ash Williams, mejor que vuelva a la trilogía original y a la serie, y que vea en bucle el último episodio hasta que haya cura para el puto cáncer. Para quien busque sangre, terror húmedo, cuerpos incompletos y momentos traumatizantes, aquí tiene Evil Dead Burn para cumplir. Hay decisiones fáciles por medio, sí, pero con esta violencia y un toque de crítica social empapado en vísceras, se perdona sin dudar.

El sonido es otro de los pilares. Si Obsession ya nos recordó hace unos días que un buen grito vale más que mil palabras, aquí hay un repertorio de efectos que llena la sala. No importa que algunas escenas se alarguen a base de trucos o que los match cuts nos hipnoticen: incluso cuando algún corte recuerda a lo mal que los hacen otras películas y demasiadas series, cuesta encontrarles pegas.

Quizá falte el humor de Raimi, o echemos de menos a un héroe —o antihéroe— como Ash. Bruce Campbell es mucho Bruce Campbell. Pero este episodio de la saga impacta, funciona y deja claro que Evil Dead sigue viva. Atención especial a las escenas entre los créditos y después de ellos: apuntan con claridad a lo que vendrá. Ojalá la taquilla acompañe y garantice el futuro del Necronomicon Ex Mortis en pantalla, en cualquier pantalla.

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