La nueva Ghost in the Shell es fiel al manga

El estudio Science Saru recupera el humor y la estética analógica de la obra original de Masamune Shirow en un anime que evoca las grandes producciones de los 90.

Hay una razón de peso por la que Ghost in the Shell nunca pasa de moda y sigue recibiendo reinterpretaciones. El manga original de 1989, creado por Masamune Shirow, no solo poseía un apartado artístico soberbio, sino que planteaba dilemas atemporales sobre la identidad, las fronteras de lo humano y nuestra inevitable fusión con la tecnología. Tras varios intentos recientes que no terminaron de dar en el clavo, el aclamado estudio de animación Science Saru ha tomado las riendas de la franquicia y, a tenor de lo visto en sus dos primeros episodios proyectados en el Festival de Cine de Animación de Annecy, estamos ante la mejor adaptación de la marca en los últimos 30 años.

Los dos capítulos iniciales sumergen de lleno al espectador en un universo ciberpunk mediante una exposición argumental vertiginosa (quizás un punto de más para los recién llegados). En este futuro, los implantes cibernéticos y los «cibercerebros» conectados en red han desdibujado por completo la línea divisoria entre el ser humano y la máquina, planteando un ecosistema donde la sociedad es indisociable del engranaje tecnológico.

La primera adaptación directa del manga: recuperando el humor

El gran valor diferencial de esta producción radica en que se postula como la primera adaptación directa y fiel del manga original, tomándose el tiempo necesario para hacer justicia a los pequeños detalles. Esto se hace especialmente evidente en el tratamiento del humor. Mientras que la obra maestra cinematográfica de Mamoru Oshii de 1995 optó por una solemnidad absoluta y una atmósfera puramente existencialista, Science Saru abraza las bromas constantes entre los miembros de la Sección 9, las caras deformadas de corte cómico y los gags visuales del material impreso, logrando un equilibrio perfecto con los temas más densos de la trama.

Visualmente, la serie es un portento. Es vibrante, colorida y explícita, llegando a utilizar de forma brillante un efecto de sangre pixelada cuando los cuerpos estallan, lo que rebaja la tensión y acentúa el tono gamberro del tebeo. La animación tradicional hecha a mano dota a las coreografías de combate de una fluidez y una textura táctil que escasean en el panorama industrial actual. Cuando el estudio recurre a la animación tridimensional (3D), lo hace con toda la intención: la reserva casi exclusivamente para los robots y las inteligencias artificiales, reforzando a nivel compositivo esa sensación de que la tecnología es un agente extraño, ajeno a lo humano.

Una ambientación ciberpunk deliciosamente analógica

Acompañada por una banda sonora magistral que fusiona jazz, arreglos orquestales y sintetizadores, la serie destaca por su decidida apuesta por el encanto retro. En lugar de plagar el escenario de pantallas táctiles futuristas u hologramas tridimensionales, Science Saru ha edificado un futuro basado en la tecnología que hoy consideramos reliquias del pasado: disqueteras de CD, paneles saturados de botones físicos y reproductores de vídeo VHS. Una mirada nostálgica que evoca irremediablemente la época dorada de las OVAs de los noventa.

Sin embargo, el envoltorio pop no debe llamarnos a engaño. Esta producción sigue capturando el núcleo filosófico de Ghost in the Shell. A lo largo de los dos primeros episodios se abordan dinámicas sociopolíticas tan complejas como la explotación de mano de obra extranjera a cambio de promesas de ciudadanía, la corrupción institucional, los experimentos humanos e incluso una velada crítica a las intervenciones militares internacionales. Además, el foco central se posa de lleno sobre las IA contemporáneas, abriendo debates muy actuales en torno a la sustitución de puestos de trabajo humanos y el valor diferencial del intelecto orgánico.

Veredicto: Una parada obligatoria

Esta nueva iteración de Ghost in the Shell funciona tanto para neófitos como para veteranos de la franquicia. Al dejar respirar la narrativa y apostar por una artesanía visual de la vieja escuela, Science Saru firma una actualización sobresaliente que respeta la complejidad intelectual de Masamune Shirow sin olvidarse del carisma y el dinamismo de sus personajes. Un regreso por todo lo alto

Ché Sáez
Ché Sáez

Maestro del hipérbaton, señor de las bestias, inventor del humor sin gracia, dixlésico y taaa...rtadmudo.

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