Un sapo con bufanda contra el apocalipsis blanco. Froggy Hates Snow mezcla excavación táctica con supervivencia brutal en un roguelite que te dejará helado.
Hay algo magnético en la premisa de Froggy Hates Snow. Ver a una pequeña rana abrigada hasta las cejas mirando con odio una extensión infinita de nieve es un gancho visual infalible, pero no te dejes engañar por su estética de cuento infantil. Estamos ante un roguelite de supervivencia desarrollado por Crying Brick que puede ser tan exigente como ingenioso, donde el entorno se convierte constantemente en tu mejor herramienta y, al mismo tiempo, en tu peor pesadilla.
Esculpiendo el camino hacia la supervivencia
El núcleo del juego no es solo moverte por un escenario, sino dar forma al mapa mediante una mecánica de excavación muy táctica. La nieve colapsa de forma realista, lo que te permite gestionar el espacio de manera creativa: puedes cavar túneles estrechos para esconderte de las amenazas o crear grandes avenidas para maniobrar con soltura. Esta planificación ambiental convierte la exploración en un ejercicio de estrategia bajo presión, donde cada palada de nieve sirve para diseñar rutas de escape o preparar emboscadas contra lo que acecha bajo la superficie.
La tiranía del frío y la sangre fría
Como buena rana, nuestro protagonista es de sangre fría y la gestión del calor es un enemigo invisible que nunca descansa. El juego te obliga a vigilar constantemente tu temperatura, obligándote a regresar a las burbujas de calor distribuidas por el mapa para no morir congelado. Esta mecánica genera un constante dilema de riesgo contra recompensa; a menudo te verás decidiendo si te adentras un poco más en el desierto helado por un botín épico o si te retiras a tiempo para asegurar tu progreso. Es una tensión silenciosa que define cada partida.

Las grietas en el hielo: El combate
Sin embargo, aquí es donde el hielo se vuelve resbaladizo, ya que el combate es probablemente el punto más flojo de la aventura. Aunque el juego propone oleadas de enemigos que culminan en jefes finales, las batallas se sienten lentas y algo toscas. La rana se mueve de forma pesada —lo cual es lógico dado el clima—, pero esto provoca que el registro de los golpes y las esquivas no siempre resulten satisfactorios. Al quedar atrapado en anillos de combate hasta derrotar a todos los rivales, la falta de agilidad puede llegar a frustrar a quienes busquen la fluidez de los roguelites más frenéticos.
Dos caras de una misma moneda helada
Lo más curioso de esta propuesta es su dualidad, permitiendo dos experiencias totalmente opuestas. Por un lado, el modo tradicional ofrece el desafío de supervivencia puro con muerte permanente, mientras que el Modo Pacífico elimina por completo a los enemigos. Esta segunda opción transforma el juego en una experiencia zen y meditativa, ideal para quienes prefieren centrarse en la excavación y en descubrir secretos sin la ansiedad del combate. Es una muestra de confianza del desarrollador en sus mecánicas base, demostrando que el juego se sostiene incluso sin violencia.

Mejoras, aliados y veredicto final
Finalmente, la progresión se apoya en un sistema de mejoras y compañeros que añaden mucha personalidad al conjunto. El oro y las gemas que recolectas se invierten en herramientas transformadoras, como esquís para deslizarte o explosivos para limpiar el hielo, además de contar con la ayuda de aliados como pingüinos o topos que aportan habilidades pasivas muy útiles. En definitiva, Froggy Hates Snow brilla más cuando te dejas llevar por su atmósfera y su original sistema de excavación que cuando intentas dominar sus toscas batallas. Es una joyita diferente que, a pesar de sus aristas, logra hacerse un hueco en el género a base de carisma y bufandas de lana.
Ficha Técnica: Froggy Hates Snow
- Desarrollador: Crying Brick (Solo dev).
- Género: Roguelite de supervivencia / Estrategia ambiental.
- Plataformas: PC y Xbox Series X|S
- Modos de juego: Roguelike (Desafío) y Pacífico (Exploración).
- Idioma: Textos en inglés (muy intuitivo).







