Análisis de Roguematch: The Extraplanar Invasion, un original roguelike táctico que combina tres en raya, estrategia por turnos y exploración procedural en una propuesta fresca y accesible.
Dentro del saturado panorama del videojuego independiente, Roguematch: The Extraplanar Invasion consigue destacar gracias a una propuesta poco habitual: unir la lógica del tres en raya con la estructura de un roguelike táctico y el avance de un dungeon crawler. Lejos de ser un simple juego de combinar piezas, su diseño gira en torno a la toma constante de decisiones, el control del espacio y la gestión inteligente de recursos, ofreciendo una experiencia sorprendentemente profunda y accesible a partes iguales.
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Cuadro técnico
Título: Roguematch: The Extraplanar Invasion
Desarrollador: Starstruck Games
Editor: Starstruck Games
Género: Roguelike, estrategia, puzzle
Plataformas: PS5, PS4, Xbox Series, Xbox One, Nintendo Switch, PC
Duración estimada: Variable (partidas de entre 30 y 90 minutos)
Estilo visual: Arte 2D colorido, tono desenfadado
Mecánicas principales: Combate por turnos, tres en raya táctico, generación procedural
Idiomas: Incluye español
Fecha de lanzamiento: 18 de julio 2025
Precio estimado: 14’79€
Tres en raya convertido en sistema de combate
La base jugable de Roguematch parte del clásico tablero de fichas, pero aquí cada combinación tiene un propósito táctico real. El “mana” que se obtiene al enlazar piezas no sirve para sumar puntos, sino para atacar, defenderse, activar habilidades o manipular el entorno. Cada turno obliga a valorar qué acción es más conveniente: eliminar enemigos rápidamente, prepararse ante un ataque inminente o posicionarse mejor dentro de la sala.
Este enfoque transforma un sistema tradicionalmente pasivo en uno estratégico y deliberado, donde el error se paga caro y la planificación es clave. El resultado es un ritmo pausado pero tenso, en el que cada movimiento importa.

Un roguelike accesible pero con profundidad
La estructura roguelike se apoya en mazmorras generadas de forma procedural, encuentros imprevisibles y una progresión basada en el riesgo. Morir implica empezar de nuevo, pero el aprendizaje del jugador es constante. A lo largo de las partidas se desbloquean hechizos, reliquias y mejoras que alteran radicalmente el estilo de juego.
Los distintos personajes disponibles aportan variedad real, ya que cada uno cuenta con habilidades y sinergias propias. Esto invita a experimentar y adaptar la estrategia al azar del recorrido, reforzando la rejugabilidad sin caer en una dificultad excesivamente punitiva.
Ritmo relajado, decisiones constantes
Uno de los mayores aciertos del juego es su tono calmado, que contrasta con la carga estratégica de sus sistemas. No hay presión por tiempo ni acciones frenéticas, lo que lo convierte en una experiencia ideal para jugar con calma, pero sin perder interés. Aun así, los combates contra jefes y ciertos encuentros avanzados exigen dominar bien las mecánicas, evitando que la experiencia se vuelva superficial.
Este equilibrio hace que Roguematch sea accesible para jugadores menos habituales del género, sin dejar de ofrecer suficientes capas de profundidad para quienes buscan algo más elaborado.
Personalidad visual y coherencia artística
El apartado artístico apuesta por un estilo colorido y simpático, con diseños de enemigos y escenarios que refuerzan el tono ligero del juego. No busca impresionar por realismo, sino por claridad y coherencia, algo fundamental en un título donde la lectura del tablero es esencial. La ambientación sonora acompaña correctamente, sin destacar de forma excesiva, pero ayudando a mantener una atmósfera agradable durante largas sesiones.

Conclusión
Roguematch: The Extraplanar Invasion es un ejemplo de cómo reimaginar géneros clásicos con ideas bien ejecutadas. Su combinación de tres en raya, estrategia por turnos y estructura roguelike da lugar a una experiencia original, accesible y sorprendentemente profunda. No es un juego pensado para la acción constante, sino para quienes disfrutan analizando cada movimiento y adaptándose a lo inesperado. Una propuesta fresca que demuestra que incluso las mecánicas más conocidas todavía tienen margen para innovar.


