Deer & Boy, el peso de la pérdida

Una hermosa pero irregular fábula de madurez. Analizamos Deer & Boy para PC, una propuesta que destaca en lo sonoro y lo visual pero tropieza en sus mecánicas.

La estrecha relación entre los seres humanos y los animales se ha convertido en uno de los grandes motores narrativos de la industria del videojuego independient. Siguiendo la estela de producciones recientes que exploran este vínculo íntimo y bidireccional, el estudio francés Lifeline Games se estrena en el mercado con Deer & Boy, una aventura cinematográfica de plataformas y rompecabezas editada por Dear Villagers. La obra aborda de forma frontal y poética temas de enorme calado psicológico como el duelo, el trauma infantil y la aceptación de la pérdida tras un evento doloroso.

La trama arranca de manera abrupta y sugerente cuando un niño anónimo huye de su hogar a través de la ventana. Tras resguardarse de la tormenta en una parada de autobús, el destino lo une a un pequeño cervatillo que acaba de quedar huérfano por culpa de un cazador. A partir de ese instante, ambos personajes inician un viaje lineal de unas cuatro horas de duración que prescinde por completo de diálogos —más allá de suspiros, risas y ruidos del propio animal— para delegar todo el peso dramático de la experiencia en la expresividad visual, la música y el lenguaje corporal.

Una simbiosis mecánica marcada por el crecimiento mutuo

A nivel puramente jugable, el título se estructura como un puzle de avance lateral en dos dimensiones donde la cooperación con nuestro acompañante resulta indispensable para progresar. En los compases iniciales, cuando el ciervo es apenas un recién nacido, el niño debe transportarlo dentro de su mochila; esta carga añadida se traduce de forma orgánica en las mecánicas, aumentando el peso del protagonista e impidiéndole realizar saltos largos, lo que obliga a posar al animal para activar interruptores o avanzar por el mapa.

A medida que avanza la campaña, el ciervo crece en tamaño y autonomía, permitiendo al jugador ordenarle que accione mecanismos remotos, empuje troncos o use sus astas, las cuales se imbuyen de una misteriosa energía azul de tintes sobrenaturales capaz de disipar una oscuridad invasiva que corrompe los escenarios. El diseño de producción destaca por una notable atención al detalle en las animaciones, reflejada en gestos sutiles como las miradas de reojo entre ambos personajes para comprobar que el otro se encuentra a salvo o la reconfortante posibilidad de acariciar al ciervo en cada una de las fases de su ciclo vital.

Picos de fricción artificial en un lienzo visual sobresaliente

A pesar de sus encomiables intenciones narrativas, la experiencia en ordenador sufre de severas irregularidades en su diseño de niveles y en la fluidez de su ritmo. La principal fuente de frustración mecánica radica en el uso deficiente del fondo del escenario como un plano tridimensional interactivo; la dirección artística no comunica con claridad cuándo es posible desplazarse hacia una capa de profundidad posterior o anterior, provocando bloqueos constantes al pasar por alto salientes o plataformas que se mimetizan de forma confusa con el decorado. Asimismo, el tramo final introduce un tercer elemento místico cuyas habilidades están mal explicadas y cuyos controles contradicen el esquema de botones asimilado previamente.

En contraposición a estos fallos técnicos, el apartado audiovisual se erige como el auténtico pilar de la aventura. Aunque los modelados de los personajes presentan un acabado simplista y estilizado, los entornos que atraviesan —desde bosques vibrantes hasta lúgubres cavernas y áridos desiertos— desbordan detalle gracias a una paleta de colores muy viva y una iluminación ambiental sumamente cuidada. La banda sonora, dominada por melancólicas notas de piano que alternan con crescendos orquestales, se fusiona con precisión con los efectos ambientales para construir un clímax final de enorme carga lacrimógena que funcionará con eficacia en aquellos jugadores que logren conectar con su pausada propuesta.

Lo más interesante

  • Narrativa muda accesible: La ausencia total de texto y diálogos permite que la historia se entienda de forma universal, potenciando la carga dramática a través de la gestualidad y la música.
  • Evolución del ciervo: Las mecánicas se adaptan de forma muy orgánica al crecimiento del animal, pasando de ser una carga física en la mochila a un aliado indispensable para resolver puzles.
  • Interacción afectiva: La posibilidad de acariciar al ciervo en todas sus etapas vitales refuerza de forma sutil el vínculo emocional entre el jugador y los personajes.
  • Apartado sonoro impecable: La banda sonora de piano y arreglos orquestales guía las emociones a la perfección, complementando el diseño visual de los escenarios.

Lo menos interesante

  • Fondo interactivo confuso: La nula diferenciación visual entre los planos de profundidad del escenario provoca atascos constantes al no saber por dónde avanzar.
  • Curva final frustrante: La introducción tardía de un tercer elemento jugable rompe el ritmo del juego debido a unos controles mal explicados y un diseño de puzles tedioso.
  • Picos de precisión exigentes: El margen de tiempo para ejecutar con éxito determinados saltos y movimientos combinados resulta excesivamente ajustado y artificial.

Ficha técnica

  • Videojuego: Deer & Boy
  • Desarrollador: Lifeline Games
  • Editor: Dear Villagers
  • Plataforma analizada: PC (Compatible con Steam / Epic Games Store)
  • Género: Plataformas, puzles cinematográficos, aventura narrativa
Ché Sáez
Ché Sáez

Maestro del hipérbaton, señor de las bestias, inventor del humor sin gracia, dixlésico y taaa...rtadmudo.

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