23 abril, 2024

Análisis de Grippy Golf: Katamari volador

Los juegos de golf suponen uno de esos rincones tenebroso de los videojuegos, concretamente uno de los más aburridos. Dentro de los simuladores realistas de este deporte está el Neo Turf Masters y detrás de él se esconden un montón de juegos capaces de hacer roncar a las ovejas. Por suerte Grippy Golf pertenece a una derivación de esta clase de videojuegos, aquellos que se pasan la realidad por el Arco de Triunfo en pos de hacer que lo tedioso sea disfrutable.

Grippy Golf Gameplay

Bola mágica

En este caso Switchback Studio, que es un estudio formado por una unidad de persona, se ha desmarcado completamente del deporte y la realidad creando un juego que de golf tiene el nombre, la pelota y el palo con el que un robot que da golpes a dicha esfera. Las leyes de la física y la simulación también han sido pateadas fuera del marco para crear un divertido juego en el que debemos buscar el hoyo en uno.

Para ello Grippy Golf pone a nuestra disposición una bola mágica que puede cambiar bruscamente de dirección en el aire y lanzarse como una pequeña bala de cañón hacia un nuevo objetivo. Repartidas por el escenario hay varias flechas que al ser tocadas vuelven a disparar nuestra pelota en el rumbo indicado. Para mayor comodidad el pequeño hoyo en el que normalmente debemos embocar la pelota se ve sustituido por un haz de luz que nos deja pasar al siguiente nivel sólo con tocarlo.

Roll, roll, roll

Muchas facilidades, ¿no? Todo esto está pensado para superar escenarios de lo más enrevesados, en los que tendremos que ir haciendo zig zag para esquivar edificios, pasar por estrechos túneles, ascender y descender por intrincados lugares… y todo esto teniendo que cumplir ciertas condiciones, que tienen que ver con la última de las habilidades que posee nuestra amiga la pelota de golf mágica: se pega a los objetos del escenario y los arrastra.

Como si de un Katamari se tratase, la pelota que controlamos es capaz de llevar conos de tráfico, cubos de basura, bancos del parque… objetos cada vez más grandes y pesados. Como un Katamari, vaya. Esto, aparte de para que Grippy Golf sea más alocado y divertido, sirve para completar las diferentes peticiones que nos hace cada escenario: termina con un cono, lleva cinco kilos de peso, etc.

Apartado técnico

Los gráficos de Grippy Golf denotan que el autor es el mismo del divertidísimo Cat Herder, modelados sencillos y poco destacados (huele a que ha tirado de librería) con un acabado que recuerda al de Portal. Aséptico y frío pero con mucho detalle si nos acercamos. Todo para hacer que un juego de golf como este, basado en físicas locas, tenga la mínima coherencia. En la versión que hemos podido jugar la cámara funciona a la perfección la mayoría de las veces, aunque en ocasiones se atasca dando lugar a temblores molestos.

En cuanto a la música la cosa va por el mismo camino, pareciendo melodías de ascensor. Entiendo que han querido darle un toque gracioso con estas músicas anodinas, tratando de prestar cierto sentido de cotidianidad de fondo a un juego en el que arrastramos decenas de objetos con una bola de golf mágica. Pero estas tonadillas acaban siendo un auténtico coñazo.

Grippy Golf

Resumiendo, estamos ante un juego de golf que no es de golf y que se aleja todo lo posible de un simulador de dicho deporte. Lo cual agradezco infinitamente. Se le ven las costuras en ciertos momentos, notándose que es un juego hecho con pocos medios, pero es un digno entretenimiento lleno de inteligentes puzles que requieren de toda nuestra habilidad. Haceos un favor, jugadlo con teclado y ratón. Intentar apuntar de forma tan precisa y rápida con un mando hace que Grippy Golf sea más frustrante de lo que debería.

Te gustará si:

  • No te gusta el deporte de ese de meter bolas con un palo.
  • Añadir nuevas mecánicas a Katamari Damacy te parece miel sobre hojuelas.

No es para ti si:

  • Buscas un simulador deportivo.

Hemos jugado Grippy Golf en una Steam Deck gracias al código de prensa enviado por Switchback Studio a través de KeyMailer.co.

By Ché Sáez

Maestro del hipérbaton, señor de las bestias, inventor del humor sin gracia, dixlésico y taaa...rtadmudo.

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