Desde que empecé con Deep Sleep: Labyrinth of the Forsaken, su atmósfera me atrapó sin remedio. El pixel art, sí, parece sencillo de primeras, pero ese estilo logra transmitir una belleza inquietante que cala hondo: sombras que se extienden por los pasillos, luces parpadeantes, detalles tenues pero cargados de misterio. Y el diseño sonoro solo amplifica esa sensación: sonidos extraños, estática, pasos que retumban… todo parecería provenir de una pesadilla recurrente.
La estructura del juego es una fusión intrigante de aventuras point-and-click, rompecabezas, una dosis de survival horror y combates por turnos. Cada sueño nos ofrece escenarios impredecibles —a veces encuentras un arma al principio, otras veces solo un hueso— y esto refuerza la sensación de estar atrapado en un mundo onírico donde nada es seguro. La mecánica de «Imaginación», que permite recrear objetos ya usados —como un hueso o una palanca— usando puntos de concentración, me pareció especialmente creativa.
El combate, por su parte, es un área con la que tengo sentimientos encontrados. Por un lado, la estrategia que exige encaja bien con el ambiente de tensión y supervivencia, forzándote a pensar en cada acción. Pero por otro lado, hay momentos —especialmente contra jefes— en los que el sistema se siente injusto. Algunos combates se vuelven frustrantes, especialmente cuando los enemigos regeneran salud o aparecen continuamente masillas, y el azar puede desbalancear por completo una pelea que parecía tener algo de control.

A pesar de esa aspereza en el combate, no puedo dejar de admirar lo bien logrado que está el mundo onírico de este título. Cada ubicación —un hotel sombrío, una ciudad brumosa, bosques inquietantes— está diseñada para desafiar e inquietar al mismo tiempo. Las mecánicas de objetos y mejoras retroalimentan esa sensación: cada fragmento de historia, cada nivel de habilidad, cada ítem encontrado alimenta ese impulso por avanzar y desentrañar qué ocurrió con Thomas.
Además, el juego permite reajustar los puntos de habilidad después de cada sueño, algo que ayuda a adaptarte sin estancarte en una construcción errónea. Y el estilo de niveles aleatorios otorga frescura en cada partida, aunque a veces te deja sin recursos en momentos inesperados.

En resumen
A grandes rasgos, Deep Sleep: Labyrinth of the Forsaken es una pesadilla hermosa hecha videojuego. Su atmósfera adictiva, su estética pixelada cargada de detalles ominosos y su estructura de puzzles sutilmente interconectados me han fascinado. Sin embargo, el combate me ha sacado de la experiencia en ciertos momentos, al sentirse desequilibrado.
Es para ti si:
- Estás dispuesto a soportar alguna frustración estratégica.
- Buscas entrar en una historia surrealista que te persigue incluso después de apagar la pantalla.
No te lo aconsejo si:
- Tu nivel de inglés es más bien bajo, ya que no se encuentra traducido al castellano.
He jugado Deep Sleep: Labyrinth of the Forsaken gracias al código de Steam enviado por Mark Allen PR a través de PressEngine.