Badass Mongoose nos sumerge en una civilización caída a través de una deslumbrante atmósfera monocromática, puzles crípticos y habilidades psíquicas.
A primera vista, por su nombre, uno podría pensar que Helix: Descent N Ascent es un juego de plataformas noventero protagonizado por una molécula de ADN antropomórfica. Sin embargo, la realidad de la obra de Badass Mongoose es muchísimo más madura, elegante y fascinante. Tras adentrarnos por completo en su versión final para PC a través de Steam, hemos descubierto una aventura de puzles pausada, atmosférica y con un misterio que se te mete bajo la piel.
Con una jugabilidad que evoca el espíritu de exploración de los Zelda clásicos mezclado con las vibras crípticas de Tunic, este título nos pone en la piel de un enigmático ser de aspecto alienígena que debe investigar las ruinas de una civilización caída mientras persigue a su propio y escurridizo doppelgänger.
Un manga interactivo en blanco y negro
Lo primero que entra por los ojos en Helix es su apabullante identidad visual. El juego apuesta por una paleta monocromática en blanco y negro, sirviéndose de un contraste radical que atrapa desde el primer minuto. Cada pantalla del juego parece sacada directamente de las páginas de un manga de la vieja escuela de los 90, con pinceladas que homenajean también al cómic independiente de los 80 y a las novelas gráficas franco-belgas de los 70.
La pantalla se llena de vida a través de intrincadas estructuras de tuberías, conchas espirales y espinas sinuosas dibujadas a mano combinadas con trazos vectoriales. Aunque este choque de estilos a veces resulta un pelín caótico, dota al mundo de un misticismo único que apuntala con fuerza sus temas sobre la dualidad (el bien y el mal, la luz y la oscuridad), coronados por transiciones que juegan de forma muy explita con la iconografía del yin y el yang.
Puzles sin llevarte de la mano: el triunfo de la experimentación
Una de las mayores virtudes de Helix es su absoluto rechazo a llevar al jugador de la mano. El juego reduce los tutoriales al mínimo, invitándote a experimentar por tu cuenta. Esa falta de explicaciones masticadas genera constantes momentos de iluminación cuando logras deducir cómo funciona el entorno tras quedarte un buen rato rascándote el cogote ante la pantalla.
La progresión de los puzles —basados principalmente en alterar el terreno a base de activar palancas, bloques y placas de presión— avanza a un ritmo idóneo. No te abruma al principio, pero hacia el tramo final la complejidad escala de forma notable. Para superar estos rompecabezas, nuestro protagonista adquiere habilidades paranormales y telequinéticas que se van enlazando en un gran mapa interconectado:
- Conjuración de bloques: Nos permite materializar dos grandes cubos de la nada, ideales para usarlos como plataformas con las que cruzar zonas de agua o para activar interruptores de peso a distancia.
- El clon explosivo: Una perturbadora habilidad que te permite separar una copia flotante de tu propia cabeza, controlarla en el aire como si fuera un dron y hacerla detonar a distancia para activar botones inaccesibles o asustar a las criaturas del entorno.
El juego cumple su promesa de ofrecer hasta 25 mecánicas y formas distintas de interactuar con el escenario saltando entre tres niveles de complejidad (donde destaca el divertidísimo gancho de agarre). Además, los escenarios premian al jugador curioso que investiga cada rincón con coleccionables ocultos y el acceso a terminales informáticos. Al activarlos, somos transportados a minijuegos de plataformas que homenajean de forma muy tétrica al Donkey Kong original, los cuales van variando sutilmente sus diseños para romper la rutina.
Pequeños tropiezos en el camino de ascenso
No todo es perfecto en este viaje místico. El juego peca de ser algo ambiguo en su sistema de guardado y puntos de control. Al tener que cerrar el juego tras superar ciertas salas complicadas, el regreso te obliga a repetir algunos puzles ambientales ya resueltos para volver al punto exacto donde lo dejaste. Aunque el juego memoriza de forma justa los secretos encontrados y te permite saltarte los minijuegos arcade ya completados, tener que rehacer ciertos caminos puede resultar molesto y frustrante.
Por otra parte, la interfaz del inventario y el exceso de elementos visuales en estancias muy concretas pueden provocar pequeños picos de incomodidad que recuerdan a la aspereza inicial de títulos como Lorelei and the Laser Eyes, obligándote a perseverar para ver la solución lógica.
Conclusión
Helix: Descent N Ascent es una maravillosa e interesante propuesta para cualquier amante de los rompecabezas independientes que busque algo con personalidad visual arrolladora. Es un producto donde la suma de las partes supera a los elementos por separado. Su brillante enfoque en la telequinesis y su deslumbrante diseño monocromático compensan con creces sus pequeñas asperezas en el ritmo y los guardados. Si te gustan los mundos misteriosos que respetan tu inteligencia, este descenso vale totalmente la pena.
Lo mejor:
- Un apartado estético monocromático soberbio con sabor a manga y cómic clásico.
- El diseño de puzles no intrusivo que premia la pura deducción del jugador.
- Habilidades muy ingeniosas y un gran abanico de mecánicas (como el gancho o la cabeza dron).
- Fomenta la exploración minuciosa del mapa a través de secretos y minijuegos.
Lo peor:
- El sistema de checkpoints resulta confuso y a veces te obliga a repetir puzles ya resueltos.
- La amalgama de estilos visuales puede sobrecargar demasiado la pantalla en salas concretas.








