Analizamos Cosmic Mart, la nueva propuesta roguelike de Whipli. Recorremos este disparatado supermercado espacial repleto de alienígenas, humor y acción rápida.
Seguir la trayectoria de los desarrolladores independientes desde sus primeros pasos siempre resulta un ejercicio fascinante. En el caso del creador español Whipli, su debut se produjo con Lunar Tide, una propuesta sencilla al estilo bullet heaven. Apenas unos meses después, el estudio regresa a la carga con Cosmic Mart, un título que se distancia del formato survivor puro para sumergirse en un roguelike tradicional de acción, salas procedurales y dificultad implacable.
La premisa narrativa abraza la comedia de ciencia ficción desde el primer segundo. El Cosmic Mart antaño fue el centro comercial y supermercado más próspero de la galaxia, famoso por vender toallas para autoestopistas y toda clase de delicias alienígenas. Sin embargo, una devastadora plaga biológica ha convertido sus instalaciones en una trampa mortal infestada de hordas mutantes. Bajo el encargo del Comandante Vargas, nos convertimos en contratistas de limpieza extrema con la misión de despejar los seis pisos del recinto sala a sala.
Jugabilidad frenética, esquivas y permadeath
A diferencia de otros títulos del género que permiten acumular mejoras permanentes entre partidas, Cosmic Mart apuesta por una filosofía más clásica y exigente: la muerte es permanente. El único progreso real que conservaremos de una runa otra será nuestro propio aprendizaje de los patrones de ataque de las criaturas y la destreza al mando.
Mercenarios y referencias pop: Disponemos de un abanico de hasta ocho personajes jugables (algunos desbloqueables mediante logros específicos). Cada uno posee sus propias estadísticas de salud, velocidad, arma inicial y habilidades únicas. Destacan sus divertidos guiños a la cultura del videojuego y la ciencia ficción, como un ingeniero «Isaac» visiblemente traumatizado (Dead Space) o el sospechoso Dr. West (Re-Animator).
Sinergias y mecánicas de movimiento: La velocidad de reacción es crucial. El movimiento de esquiva (dash) es la herramienta principal para sobrevivir en estancias cerradas repletas de disparos y vegetales mutantes. Dominar el uso de los objetos pasivos que encontramos en las tiendas o mediante misiones secundarias resulta imprescindible para crear sinergias devastadoras.
Economía de riesgo: Durante las partidas podemos recoger tarjetas de crédito para comprar suministros al mercader o tentar a la suerte en máquinas tragaperras (Jackpot), añadiendo un toque de aleatoriedad al equipamiento.
A pesar de que el bucle jugable es adictivo y directo, existe cierta aspereza en el equilibrado de daño. Ciertos enemigos normales son capaces de arrebatar de un solo golpe gran parte de la barra de vida, lo que genera picos de frustración puntual antes de que el jugador se adapte al ritmo exigido.
Apartado técnico: Pixel-art con personalidad
En el terreno visual, Whipli mantiene una estética pixel-art simple pero funcional. Aunque el diseño de los pasillos y mapas del supermercado puede resultar algo monótono, el trabajo brilla en las animaciones de los personajes, los divertidos jefes finales (como la Caballa o el Leprechaun) y los disparatados NPC que nos encomiendan encargos en mitad del caos.
Por su parte, el apartado sonoro cuenta con una selección de pistas compuestas por Kevin MacLeod. Si bien los temas encajan con la atmósfera absurda de hilo musical de centro comercial, la variedad de temas durante la partida es reducida, convirtiéndose en el punto más discreto del conjunto.
Conclusión
Cosmic Mart evidencia una evolución palpable en el catálogo de Whipli. Se trata de un roguelike de acción rápido, simpático y muy exigente que sabe recompensar la habilidad del jugador con la experiencia aprendida a base de ensayo y error. Aunque un mayor tiempo de desarrollo habría ayudado a pulir el desbalanceo del daño y la variedad sonora, es un título modesto que cumple con creces su cometido de ofrecer diversión directa en PC a través de Steam.
Lo mejor:
- Las mecánicas de acción, esquiva y sinergias de objetos son muy adictivas.
- Gran cantidad de referencias y sentido del humor en personajes, jefes y NPC.
- Dificultad clásica sin muletas: premia la destreza real del jugador.
- Progreso claro en el diseño respecto al anterior trabajo del desarrollador.
Lo peor:
- Picos de dificultad y desbalanceo en el daño de ciertos enemigos básicos.
- El apartado musical cuenta con pocos temas y puede resultar repetitivo.







