23 junio, 2024

Análisis de Killer Frequency: Puede ser mi gran noche

Killer Frequency

Killer Frequency nos pone en el pellejo de Forrest Nash, un locutor de radio que ha tocado el cielo en su carrera radiofónica. Cada noche más de cinco millones de personas vibraban con cada una de sus palabras y disfrutaban con su selección musical. Pero ahora la desgracia se ha cernido sobre él y le ha relegado a ser el presentador nocturno de una radio local. Una especialmente cutre que no emite más allá de las fronteras de Gallows Creek, un pueblecito que sólo alberga un millar de almas. Y esta noche ese número va a descender.

Esta noche va a ser especial, un asesino en serie local al que se daba por muerto hace cincuenta años ha anulado a las pocas fuerzas del orden de Gallows Creek. La emisora en la que trabaja Forrest se ve obligada a convertirse en la centralita por la que pasan todas las llamadas de emergencia del pueblo. Así empieza Killer Frequency, un título que nos mete de cabeza en una singular aventura detectivesca.

189.16 The Scream

Killer Frequency es un singular homenaje a las películas slasher. Ese género en el que un asesino que parece sobrenatural acuchilla a estúpidos jóvenes universitarios mientras están de fiesta. Un tipo de películas que sin duda inventó una persona de mediana edad que estaba harto de aguantar a veinteañeros borrachos y se puso a imaginar qué obra de arte podría crear con su cuchillo de cocina y sus vulnerables cuerpos adolescentes.

Cada rincón del título de Team 17 Digital contiene aproximadamente entre muchas y un montón de referencias a películas del género. Casi cada revista, disco de música y papel que encontremos en sus escenarios contiene algún guiño al cine de terror. Y los que no tengan un detalle evidente relacionado con el asesinato más sanguinolento, en algún momento nos servirán para resolver una llamada.

Ah, pero no esperéis encontrar toneladas de gore y sangre. Killer Frequency homenajea este tipo de historias pero lo hace de una forma muy particular. Imitando el estilo de C. Auguste Dupin deberemos resolver el misterio sin salir de nuestra habitación. En este caso no nos moveremos de nuestra cabina radiofónica y sólo contaremos con la ayuda de Peggy, la productora del programa. Al menos en principio.

Espacio encorsetado

Killer Frequency funciona así: un cliente llama a la radio y nos cuenta que el asesino está acechándole. Nosotros deberemos indicarle qué hacer usando la lógica, deduciendo qué es lo que más conviene a la nueva víctima. Como no estamos solos, nos acompaña Peggy y tenemos oyentes al otro lado de las ondas hertzianas, recibiremos consejos. Aunque llegará un momento en el que los consejos y nuestras dotes deductivas no serán suficientes y entonces tendremos que buscar un objeto que nos ayude en el resto del edificio.

La primera vez sólo podremos salir de nuestra cabina y caminar por las oficinas adyacentes, pero pronto necesitaremos buscar pistas en otros pisos del edificio, en el comedor de empleados, etc… El escenario que podemos recorrer será cada vez un poquito mayor gracias a las llaves que nos va dando nuestra compañera. De esta forma acabaremos husmeando en cada palmo del edificio, abriendo cajones, toquiteando las pertenencias de nuestros compañeros, aprovechando que es de noche y no hay nadie más en la emisora.

Así de paso iremos recogiendo una serie de discos que se encuentran escondidos entre las pertenencias del resto de empleados. Esto funciona como simple coleccionable, pero también serán útiles para ponerlos en el programa por gusto o… si coincide que uno de los oyentes pide ese tema en concreto. Porque aunque la historia de Killer Frequency avanza con las llamadas de socorro, no podemos olvidar que estamos trabajando y de vez en cuando tendremos que poner una canción o un anuncio publicitario.

Una historia que engancha

Según avanza la partida de Killer Frequency se va desgranando la historia del asesino en serie. Pero no sólo de rescatar víctimas vive este título. También conoceremos la historia de nuestro dúo radiofónico, Forest y Peggy a través de sus conversaciones. No nos hará falta hablar con nuestros compañeros ausentes, viendo sus escritorios adivinaremos parte de su personalidad e intereses en la vida. El entorno nos cuenta historias de formas más o menos evidentes. Por ejemplo, si nos agachamos y miramos debajo del mostrador de la entrada veremos que la recepcionista ha colocado cinco fotos de sus gatos para que la acompañen en su jornada laboral.

En otro plano disfrutaremos de historias secundarias como la de un trepa que se presenta a alcalde, unos universitarios con poco seso o un hostelero que aprovecha cualquier ocasión para hacerse publicidad gratuita. Por cierto, mi pareja y yo regentamos un lugar lleno de juegos de mesa, videojuegos y las mejores hamburguesas de la ciudad. Si pasáis por Logroño no dudéis en hacernos una visita. El Chester, bar atípico y posiblemente el mejor lugar de la Tierra.

La historia de Killer Frequency, como íbamos diciendo, está contada de forma fantástica. Y nos atrapa desde el primer momento. La forma de ver el juego en primera persona, el entorno lleno de detalles, la forma de resolver los casos y la actuación de doblaje… todo genera un ambiente en el que nos sentimos cómodos. Pese a que ahí afuera hay alguien que se dedica a acuchillar a la gente. O, tal vez, precisamente por eso.

Amanece, que no es poco

Killer Frequency es una aventura de terror ochentera que va tocando todos los tópicos slasher con un sentido del humor negrísimo. Tiene una historia que nos atrapa durante toda la partida y nos mete dentro de un entorno detallado, que navega entre el realismo y el cartoon, gracias a su delicado cel shading. Tiene algo negativo si lo juegas en consola, como ha sido mi caso. Se trata de un juego que empezó siendo programado para VR y eso se nota en todo momento.

Para jugar con unas Meta Quest tiene que ser perfecto, con teclado y ratón seguro que está bien adaptado. Pero con el mando de Xbox hay veces que cuesta demasiado tocar un botón. Killer Frequency opta por apuntar y disparar para agarra objetos y pulsar botones. Pero carece de autoapuntado o algún sistema similar que nos facilite la vida a los que lo disfrutamos con un pad, lo que hace que al interactuar con objetos pequeños a veces cueste demasiado. No llega a ser insufrible ni empaña la excelencia del juego, pero alguna vez me he acordado de la familia de los programadores.

Recomendado para:

  • Amantes del cine de terror ochentero.
  • Jugadores de aventuras conversacionales.
  • Aquellos que buscan una historia bien contada y retos variados.

Este análisis ha sido hecho gracias a una clave proporcionada por Team 17. Hemos jugado a Killer Frequency en Xbox Series X.

By Ché Sáez

Maestro del hipérbaton, señor de las bestias, inventor del humor sin gracia, dixlésico y taaa...rtadmudo.

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